Autores, Federico Ruiz Tirado

LORCA, SIEMPRE – FEDERICO RUIZ TIRADO

En la España del  desmadre, pero esta vez con tinte restaurador tras la salida de Rajoy y el juego de dados entre el viejo PSOE, nada vibrante, nada en el fondo remozado y, joder, no faltaba más, el partido de Pablo Iglesias, el rostro progre del nuevo Marketing que hacen lucir por igual a las antiguas y nuevas izquierdas entrelazadas con la “jovial” Monarquía que lleva en su sangre las trazas del fascismo;  esta vez, esta tríade campaneó a otro personal sacrosanto, que va desde el honorable Juez Garzón, pasando por cineastas, cantaores y reyes de fundaciones, para promover en las tripas de la Academia Sueca, un retorcijón y, quizás sea sólo eso: un cólico pasajero o tal vez esperado en el seno de la familia cuyas manos mece la cuna de oro de Alfred Nobel, para que el Premio planetario que lleva su Apellido sea otorgado –previa modificación de su estatutario orgánico- a Federico García Lorca, asesinado en Granada por los ejecutores del golpe de estado con el que se inicia la cruenta guerra civil de España en 1936, luciendo a estribor su estrella más brillante de esa ignominia: el dictador Francisco Franco.

Pues bien, vamos a aplaudir sentados en la butaca, sin tanta ovación y jubileo, sin calamares en su tinta, esta iniciativa.

De todos modos, sin Alfred o con él, con o sin  el estrellato contemporáneo que le pide llevar a ese esplendor de la fama a Federico García Lorca, para los pobres, desamparados, para los que de por vida han tomado distancia eterna de premiaciones y gilipolleces propias del decorado de aquel “discreto encanto” trazado por Buñuel; en fin, para la poesía y su entramado universal, hoy, en los días de su nacimiento, Federico García Lorca siempre estará con nosotros.

Lorca solía decir de su vida y juntura con el surrealismo y Dalí: “Un día nos quedamos sin dinero Dalí y yo. Un día como tantos otros. Hicimos en nuestro cuarto de la Residencia un desierto. Con una cabaña y un ángel maravilloso (trípode fotográfico, cabeza angélica y alas de cuellos almidonados). Abrimos la ventana y pedimos socorro a las gentes, perdidos como estábamos en el desierto. Dos días sin afeitarnos, sin salir de la habitación. Medio Madrid desfiló por nuestra cabaña..”

FGL

Alocución de Federico García Lorca al pueblo Fuente Vaqueros (1931)

“No sólo de pan vive el hombre”. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos.
Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan.
Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros!
Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.
Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!».
Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón.
Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

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