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¿HACIA DONDE VAMOS? LOS 40 MATICES DEL GRIS – NATE HAGENS – TRADUCCIÓN CÉSAR PANZA

Artículo adaptado de la conferencia para el Día de la Tierra,

en Salinas, Kansas, EE. UU. Primavera, 2018.

El aprieto humano – En la pintura del siglo XIX que se muestra arriba, Paul Gauguin asume una perspectiva de especie, al preguntar “De dónde venimos/ Qué somos/ Hacia dónde vamos”. Somos la primera generación de nuestra especie (y de cualquiera de las especies en el planeta) que sabe científicamente las respuestas a estas preguntas. Hemos llegado a una discusión a nivel de especie. Con implicaciones a nivel planetario.

Hace unos 11.000 años, cuando finalizó el último período glaciar, nuestros antepasados ​​–en no menos de 5 lugares en todo el mundo– aprovecharon las nuevas condiciones y probaron una forma de vida agrocultural. Adelantando la película rápidamente a través de dos capítulos trascendentales, dos cambios de fase en la historia humana (las revoluciones agrícola e industrial), henos aquí: acercándonos a los 8 mil millones, en busca de libertad, experiencias y riqueza material, todos derivados de un excedente físico. Como muchos saben, la procura de ese “excedente” está impactando la amplia esfera donde yacen nuestros hogares (a la que llamamos Tierra) de una manera cada vez más perniciosa. Sin embargo, a una tasa de crecimiento mundial anual del 3%, cosa que la mayoría de los gobiernos e instituciones esperan, casi duplicaríamos la cantidad de energía y materiales que nos tomó 11.000 años amasar en los próximos 25 años.

Bajo tales tendencias, un estudiante universitario hoy vería más de 2 de esas duplicaciones en su vida. En efecto, sí, pasaremos de 2X a 4X de tamaño para el momento en que él tenga 70 años. ¿Será esto posible? ¿O al menos deseable? ¿Cuáles son los variables que influirían en esta trayectoria? ¿Cuáles serían los impactos si esto sucede, y cuáles si no?

Si le preguntan a cientos de expertos que opinen sobre estos temas, obtendrán al menos un centenar de respuestas, pues si bien la economía está compuesta por sistemas, no se explica mediante sistemas, sino mediante narrativas simples, usualmente populares. Pero solo una síntesis que integre energía, ambiente, economía y, en particular, a la cultura y el comportamiento humano, informará sobre lo que es improbable, lo que es posible, lo que está en juego y, en último término, sobre lo que debemos esforzarnos para llevar a cabo.

A continuación, se presenta un condensado de puntos sobre los grandes temas relevantes para las próximas décadas de la existencia humana. A pesar de nuestro deseo por respuestas claras y sencillas, la mayoría de los problemas centrales que condicionan nuestra situación no se presentan en binarios “blanco y negro”, sino en el espacio liminar que los separa. En algún lugar del espectro de “los 40 matices del gris” que se comentan a continuación, nuestras instituciones y planes sociales están actualmente muy lejos de nuestra realidad biofísica. Sugiriendo así que ciertos cambios culturales a nivel tectónico son ahora muy probables en el corto horizonte, digamos más bien, en un plazo intermedio

ENERGÍA / ECONOMÍA

La Energía contra todo lo demás – La riqueza y la productividad humana se suelen atribuir a nuestra propia astucia (tecnología), a la riqueza existente (capital) y a nuestros esfuerzo (trabajo). Tales parámetros de entrada son sin duda importantes, pero todos son dependientes de la energía. Las economías modernas consumen energía como los animales consumen alimentos: cada bien y servicio de las economías humanas primero necesita un aporte de energía para convertirlo en algo útil. Ergo, un dólar de petróleo tiene un valor superior al valor de un dólar en lápices, clips o galletas. Pero la energía, más allá de su costo en dólares, es invisible para nuestra sociedad.

Los flujos contra los acumulables – La economía humana funciona con recursos naturales como el cobre, el hierro y el fósforo. Globalmente, un dólar del Producción Total es aproximadamente 1 kilogramo de minerales extraídos, energía y materiales. Somos particularmente dependientes de recursos energéticos de alta densidad como el petróleo y el gas natural, y desde una perspectiva más amplia en cuanto a lo temporal estamos viviendo lo que podría llamarse el “Pulso del Carbono”: un bolo único de productividad fósil inyectado al ecosistema humano. El 98% del trabajo físico en el mundo moderno se realiza con máquinas, que en un 85% son alimentadas con energía de compuestos de carbono densos en energía. Pocos piensan en esto, pero 1 barril de petróleo crudo, por el cual actualmente pagamos 70 dólares, con un rendimiento de 5.8 millones de BTU (Unidades Térmicas Británicas) contiene el potencial equivalente a 4.5 años de trabajo humano, por el cual pagamos (en los EE. UU.)  140.000 dólares. El estadounidense promedio usa directamente 54 de estos “barriles” cada año, más unos 10 ó 20 adicionales a través de productos importados, lo que equivale aproximadamente a 300 “esclavos fósiles” que sostienen nuestros estilos de vida. En efecto, aunque ingerimos cerca de 2.500 calorías a través de los alimentos, cada uno “consume” más de 200.000 calorías al día, en general. Nuestra cultura maneja de manera efectiva todos estos insumos geológicos como “flujos” (ríos, lluvia, luz solar, crecimiento vegetal), pero se trata de valores almacenados (stock) agotables. Ningún stock de recursos naturales es renovable en escalas de tiempo humano. Perforar agujeros ya no es sostenible. Nuestras historias culturales combinan valores acumulables con flujos.

Acumulables vs. abstracciones – Los stocks (petróleo, cobre, fósforo) generalmente siguen curvas predecibles, gaussianas que aumentan, alcanzan su pico y disminuyen. La cantidad de estas “existencias” a las que accedimos han, por lo general, aumentado por más de un siglo, pero ahora comienzan a disminuir en muchos casos, sea por la calidad del petróleo, el grado del mineral de hierro, la sobrecarga de cobre, etc. Pero nuestro suministro de dinero y crédito continúa aumentando sin referencia alguna al área de la curva restante en cuanto a las existencias esos recursos naturales únicos. A nivel mundial, se requirió más de cuatro dólares de deuda nueva para agregar un dólar a la Producción Total en 2017. Podemos imprimir dinero, no sucede así con la energía, tan solo podemos extraerla más rápido con dinero prestado.

Lo bruto contra lo neto – Normalmente contamos con la cantidad absoluta de un recurso, stock o depósito disponible sin considerar la cantidad que puede extraerse, técnica o económicamente hablando. A medida que accedemos a los recursos más profundos, más difíciles son de encontrar y, por lo tanto, más dañinos para el medio ambiente, gastamos una cantidad cada vez mayor de recursos clave para obtener los recursos clave. Por ejemplo, la disminución del campo estático para el aceite de esquisto bituminoso de EE. UU. es del 30 al 40% por año, por lo que la producción dependerá en gran medida de la cantidad de pozos nuevos que se perforen. Hemos dejado ahora la era en que nuestra cultura gastaba cerca de 5% de nuestra energía en encontrar y procurar energía, a una en la que gastaremos más del 10%, incluso de un 15% a un 20%. Todo esto se manifiesta en mayores costos y menores beneficios para las personas y las economías. A medida que se redirige más energía hacia el sector energético, ¿qué sectores obtendrán menos o nada? La red es, en última instancia, en lo que podemos gastar.

Joules vs. Trabajo – La energía solo puede ser sustituida por otra energía. El pensamiento económico convencional sobre la mayoría de los recursos agotables considera que las posibilidades de sustitución son, en esencia, infinitas. Pero no todos los joules se comportan por igual. Hay una gran diferencia entre la energía potencial y la cinética. Las propiedades energéticas tales como intermitencia, variabilidad, densidad de energía, densidad de potencia, distribución espacial, retorno de energía respecto a la energía invertida, escalabilidad, transportabilidad, etc., hacen que la sustitución de una energía por otra sea una perspectiva compleja. La capacidad de una tecnología para proporcionar “joules” es diferente de su capacidad de contribuir al “trabajo” para la sociedad. Todos los joules no contribuyen por igual a las economías humanas.

La economía contra lo económico – El ecosistema humano moderno se puede describir de manera simple. Usamos tecnología para convertir energía y materiales en productos que semiden en dólares. Luego, convertimos dólares/productos en neurotransmisores (sentimientos) + un desperdicio/impacto. Se repite a mayor escala. A menudo confundimos una tendencia con una realidad, un patrón a corto plazo con un axioma de la naturaleza. En un caso moderno (y bastante relevante, hemos construido reglas y “leyes económicas” en torno a un período de tiempo largo en el despliegue de la vida humana, pero corto con respecto a la historia humana durante la cual, debido a unas entradas únicas en cuanto a las escalas del tiempo geológico, hemos experimentado un crecimiento económico continuo durante más de un siglo. El crecimiento constante que hemos experimentado se correlacionó con los inventos humanos y las teorías económicas, pero la causa esencial fue encontrar un bolo de luz solar fósil. Nos comportamos como ardillas que viven en un bosque donde un camión lleno de avellanas se volcó, viviendo de tal carga y pensando que durará para siempre. Hasta hace poco, las teorías económicas han estado en lo cierto al describir nuestra trayectoria, pero por las razones equivocadas: ignoran en gran medida los fundamentos físicos y biológicos del esfuerzo humano, nociones que tendrán que volver a ser reinterpretadas.

COMPORTAMIENTO

Lo humano contra lo animal – Los humanos somos inteligentes, únicos, adaptables y muy capaces. Sí, somos especiales, pero como parte del reino animal, parte del linaje de mamíferos y simios. Nuestro repertorio de comportamientos es sorprendente, pero aun así está limitado e informado por nuestra herencia.

Lo superficial contra lo definitivo – ¿Por qué queremos ese trabajo y no otro? ¿Por qué perdemos el tiempo en Facebook? ¿Por qué amamos los dividendos del mercado de valores? ¿Por qué nos disgusta esa persona? ¿Por qué queremos jugar con cachorros? ¿Por qué vamos a la guerra? Hay explicaciones inmediatas o superficiales para todos esos comportamientos, pero también hay explicaciones “definitivas”, basadas en nuestro pasado ancestral. Estas explicaciones “definitivas” pueden predecir y dar sentido a gran parte del comportamiento humano moderno. En última instancia, pasamos por nuestra vida cotidiana buscando “servicios cerebrales”: actividades, experiencias y comportamientos en el mundo moderno que brindan los mismos “sentimientos” que obtuvieron nuestros exitosos ancestros en un entorno diferente.

Las creencias contra los hechos – El cerebro humano puede crear, imaginar y expresar muchas más combinaciones de palabras que representan a la realidad que lo que existe de hecho en la realidad. Así, el mundo virtual de nuestras mentes parece más real para nosotros, incluso frente a la ciencia, la lógica y el sentido común. Y como construimos nuestros propios mundos virtuales individuales, los preferimos a los mundos virtuales en las mentes de los demás. Por eso, las “creencias” son mucho más poderosas que los hechos. Normalmente, las creencias preceden a las razones usadas para explicarlas. Por eso es que las noticias falsas funcionan y  por eso es que nos resulta extremadamente difícil convencer a la gente sobre el cambio climático, el descenso de la energía, los límites de la tecnología, etc.

El presente contra el futuro – Somos criaturas biológicas con vidas finitas. Por buenas razones evolutivas, nos preocupamos desproporcionadamente por el presente más que por el futuro. Pero la mayoría de nuestros desafíos modernos son “en el futuro”.

Lo supernormal en contra de lo normal – La tecnología moderna proporciona estímulos de mayor magnitud que aquellos experimentados por los antepasados nuestros que buscaban sensaciones similares. Para ellos, una fruta encontrada en su camino sería una extraña y dulce sorpresa, mientras nosotros compramos dulces por peso en las tiendas, o hacemos que nos las envíen por Amazon. Podemos, muy fácilmente, ser secuestrados por la adicción, adictos a cosas que “se sienten” importantes pero que son tan solo efímeros potenciales de acción en el cerebro, no en el mundo real.

Lo relativo contra lo absoluto – La aptitud, o el fitness, en la naturaleza se correlaciona con la ingesta calórica por unidad de esfuerzo. Cada uno de nosotros sigue un simple “algoritmo de búsqueda de alimento”, mediado por la dopamina, un neurotransmisor, para obtener más por menos. Pero después de que se satisfacen las necesidades básicas, este algoritmo pasa a preocuparse mucho más por nuestro desempeño comparativo, ingreso, estado, clasificación y otros, que por las medidas absolutas intrínsecas a los resultados del algoritmo. Luego, no nos importa tanto lo bueno y lo malo como lo mejor o lo peor (en relación a nuestros vecinos, o en relación con el día anterior).

El querer contra el tener – Nuestros impulsos por querer algo, sea un par de zapatos, un automóvil nuevo, un juguete, los sentimos más intensos que la satisfacción que nos produce poseer los objetos continuamente. Por eso nuestras casas, closets y almacenes están llenos de los fantasmas de la dopamina del pasado. Si bien nuestro mundo físico se basa en inventarios, nuestro cerebro y nuestro comportamiento se basan en flujos, que deben experimentarse de continuo todos los días.

El querer contra el necesitar – Una vez que se satisfacen nuestras necesidades básicas (alimentos, agua, servicios básicos, dignidad y respeto social), obtenemos muy poca satisfacción adicional con el aumento de consumo. Las mejores cosas en la vida son gratis, pero el “anhelo” es un fuerte conductor humano.

El yo contra el nosotros – Somos una especie biológica, y como cualquiera que esté en el espectro de la competencia vs. la cooperación, generalmente estamos buscando el primer lugar –nosotros y nuestra familia– en relación con los demás.

Nosotros contra ellos – Pero nuestros años de formación (milenios, en realidad) sucedieron en pequeñas tribus nómadas de la sabana africana. El éxito de nuestra tribu, en la caza, la adquisición de recursos y la defensa contra otras tribus, dictó, y muchas veces superó, nuestro propio éxito individual. Esta intensa tendencia a favor de los grupos internos así como el ostracismo de los extraños, sean por religiones distintas, diferentes grupos políticos, equipos deportivos contrarios o incluso opiniones diferentes sobre el futuro, permanece con nosotros hoy.

Los genes contra la cultura – La naturaleza humana no cambia a corto plazo. Los tataranietos nuestros que vivan dentro de 200 años estarán sujetos a los mismos impulsos y restricciones que acabo de mencionar. Pero la cultura puede manifestar conductas emergentes, tanto positivas como negativas, cosa que puede ocurrir en plazos mucho más breves, incluso en algunos casos, en menos de una década. Nuestros genes nos dicen lo que necesitamos, pero la cultura dicta cómo lo conseguimos. Podemos obtener al menos una buena porción de “lo que queremos y necesitamos” usando menos cosas con menos daño.

AMBIENTAL

Lo interno contra lo externo – En la formulación moderna del sistema de mercado, internalizamos los beneficios y externalizamos los costos. Los costos de contaminación y los impactos sociales negativos nacen de los bienes comunes y del público, que incluye a otras generaciones y otras especies. Ninguna industria en el mundo sería rentable si los precios de costo total incluyeran todos los costos externalizados (por ejemplo, los impactos dañinos del carbón de serían $ 0,38 por kWh como costo total en vez de $ 0,04). Pero a la mayoría de las otras especies no les importan las externalidades y, a medida que adquirimos conciencia social de nuestros efectos posteriores, hemos hecho más para responder a los costos. Ejemplos relevantes incluyen el DDT, los clorofluorocarbonos, los ríos contaminados y la gasolina sin plomo. Pero el CO2 sigue siendo un impacto que no puede ser fácilmente “internalizado”.

Tesoro frente a riquezas – Las vastas riquezas ecológicas de nuestro mundo natural: depósitos minerales, millones de especies, ecosistemas vibrantes, selvas tropicales exuberantes, etc., solo se cuentan como valiosas para las economías humanas una vez que se convierten en bienes o servicios. En nuestra búsqueda por el tesoro, hemos saqueado nuestras riquezas, y el plan por defecto es continuar.

La civilización contra la comunidad – Los humanos ahora se apropian entre el 30% y 40% de la productividad anual de la luz del sol interactuando con el suelo/tierra de nuestro planeta. Además, nosotros (y nuestras vacas, cerdos, cabras, perros, ovejas, etc.) superamos la suma total de todos los demás vertebrados terrestres en una proporción de más de 50:1. El continuo entre la civilización humana y la comunidad de la Tierra, al menos hasta ahora, se ha dirigido únicamente en esa dirección.

Lo visibles contra lo invisible – Solo podemos leer acerca de la mayoría de las “externalidades” del comercio humano. El hoy se ve muy similar al ayer. Sin embargo, Francia (y otros países) ha perdido 1/3 de su población de aves en los últimos 15 años, en general debido a la escasez de insectos (presumiblemente debido a los pesticidas), las criaturas marinas de 10 km de profundidad están sometidas una mayor concentración química tóxica que la de los los ríos chinos contaminados, hemos perdido el 50% de las poblaciones de animales desde la década de 1970, y así muchas cosas más. El recuento de espermatozoides humanos en las personas en los países desarrollados ha disminuido aproximadamente un 50% en la última generación. El océano ha perdido el 2% de su oxígeno en los últimos 50 años, etc. Nos enfocamos (naturalmente) en lo visible, pero lo oculto, actualmente, cuenta una historia preocupante.

Los 21 puntos anteriores pueden ser respaldados por la ciencia moderna. Los siguientes puntos son implicaciones lógicas de la síntesis anterior, pero tal como se presentan son más mis propias conclusiones.

CULTURA

El juego contra el plan – En la cultura humana moderna, cooperamos en múltiples escalas (individuos, empresas, naciones) para maximizar las representaciones de los excedentes (bienes, ganancias monetarias). Una vez que entendemos que 1) todos los bienes y servicios que conducen al producto económico primero requieren una conversión de recursos primarios, 2) el Producto Total está altamente correlacionado con la energía, y 3) para proporcionar “servicios cerebrales” al mayor número posible de personas, los gobiernos y las instituciones hacen todo lo que esté a su alcance para mantener aumentando el acceso a la energía (creación de crédito, cambios de reglas, garantías, etc.) El estadístico económico común, el Producto Interno Bruto, adquiere entonces una connotación diferente. Como una aproximación razonable, el PIB podría ser renombrado como QIP – Quema Nacional Bruta, ya que como base de cada transacción económica tuvo que ocurrir un pequeño incendio en algún lugar de la Tierra. Desde una perspectiva a vuelo de pájaro, la sociedad humana moderna funciona tal y como una estructura de disipación de energía. Con un enfoque colectivo en los beneficios a corto plazo, asumimos tácitamente que los mejores futuros llegarán naturalmente. Pero visto desde una perspectiva de QIP, el mercado en sí no puede usar la previsión inteligente. Solo puede avanzar, en proyecciones que no superan a un trimestre. El juego, al menos hasta ahora, es también el plan.

Lo reducido contra lo amplio – Cada problema que encontramos tiene diferentes respuestas correctas, dependiendo de qué tan amplia sea la perspectiva que se use. Podemos ver el impacto de una política en el taxista, en la compañía de taxis, en el sistema de transporte de la ciudad de Nueva York, en la ciudad de Nueva York, en los EE. UU., en el mundo de hoy, en las generaciones futuras, en los ecosistemas, etc. La mayoría de los problemas actuales se ven desde una perspectiva muy amplia, pero la mayoría de las decisiones culturales se toman usando visiones muy reducidas, desde fronteras muy angostas.

Las finanzas contra las ciencias naturales – En el siglo XX se construyó una infraestructura social así como un conjunto de expectativas sobre las reglas de las finanzas y la economía, pero las reglas de las ciencias naturales y la ecología, es decir, la productividad primaria, las cascadas tróficas, la capacidad de carga, el sobreimpulso, los cuellos de botella, los cambios de fase, las sucesiones, los pulsos, etc., van a ser mucho más pertinentes el siglo XXI.

Lo ilimitado contra límites – Imagine un mundo con 7.6 mil millones de humanos y sin leyes. Sin límites de velocidad, sin impuestos para la infraestructura pública, sin reglas, sin tribunales. Los humanos instintivamente tienen problemas para autoimponerse límites. Entonces, a través de los contratos sociales y la reciprocidad, hemos aprendido a reconocer la importancia de tales instituciones, y como resultado, la sociedad está en una mejor situación. Si bien hemos reconocido la importancia de las reglas y las restricciones sobre el comportamiento personal y el impacto, todavía no hemos madurado para reconocer los límites para la sociedad y la cultura en general. Pero vivimos en un planeta finito.

La guerra contra la paz – Históricamente, en tiempos de menos recursos per cápita, las sociedades humanas anteriores (y las tribus antes que ellos) fueron a la guerra. Esta tendencia se evita con tanta frecuencia en las discusiones que es necesario mencionarlo. Iremos a la guerra de nuevo si no logramos cooperar para resolver las limitaciones futuras de una manera constructiva, y hay maneras. Esta vez, la guerra sería mucho más devastadora que nunca en la historia humana. En el pasado, hemos tenido movimientos antibélicos y esperamos que sigan organizándose de nuevo en el futuro. ¿Qué porcentaje de nuestra “inesperada ganancia de carbono” se destina a gastos militares? En un mundo pacífico donde podría ser mejor dirigido.

La población contra el consumo – Somos 7.6 mil millones en camino a ser 9–10 mil millones. Las Naciones Unidas (y otras instituciones internacionales) malinterpretan la primacía energética que subyace en las economías humanas. ¿Una síntesis entre el pulso de carbono y la información implica un decrecimiento sustancialmente significativo en las poblaciones de este siglo? No. A menos que aparezcan algunos de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Por mucho, el escenario más probable es el mantenimiento de un alto nivel poblacional, con menos recursos per cápita (quizás considerablemente menos). Malthus tenía “razón” pero no previó la “revolución vertical” del carbono fósil. Ehrlich tenía “razón”, pero se perdió la globalización y el nacimiento de los mercados crediticios, lo que hizo que los recursos se adelantaran en el tiempo. Quizás alguien que hoy escuche esta historia esperando inmediatamente grandes desastres poblacionales debido a limitaciones de recursos también tenga esté en lo “correcto”, pero omitirá la trayectoria más obvia, que es la disminución del consumo en lugar de la disminución de la población. En el mundo desarrollado, donde las personas consumen –con fines varios– de 50 a 100 veces más de lo que ingieren en alimentos, hay mucho espacio para bajar sin afectar el bienestar. Así, menos consumo sigue siendo viable e incluso deseable. Considerando que 350.000 nuevos bebés que nacen cada día en todo el mundo y que 350.000 personas / familias ingresan también a diario en la clase media global, con un mejor rendimiento que el promedio, es decir, aproximadamente 5:1, el tema de “población” adquiere una perspectiva diferente.

La inteligencia contra la sabiduría – La historia humana está repleta de culturas bastante inteligentes, pero no necesariamente exitosas, culturas que simplemente erraron en algo crucialmente incorrecto acerca de la gran perspectiva. Los isleños de Pascua creían que los recursos fluían de la buena voluntad de sus antepasados, por lo que era lógico talar todos los árboles para ayudar en la construcción de cabezas de piedra cada vez más grandes. Su comportamiento fue inteligente pero no sabio. De  una forma similar, nuestra cultura recompensa a los puntos de vista reduccionistas, así como a la experiencia en la resolución de problemas. Pero a medida que recompensamos cada vez más a la experiencia vertical dentro de una disciplina, perdemos la sabiduría que proviene de cruzar las disciplinas. En pocas palabras, la inteligencia y la sabiduría funcionan mejor en sinergia. Humanos modernos, con amplia inteligencia pero con falta de sabiduría corren el riesgo de convertirse en sabios idiotas, empujando metafóricamente las palancas de maneras cada vez más inteligentes, para construir versiones modernas de las cabezas de piedra en Rapa Nui.

Las trivialidades versus la relevancia – Nuestro sistema educativo se está volviendo cada vez menos relevante para el futuro que avizoramos. La educación primaria y secundaria es un producto del excedente de energía. Paradójicamente, también son una de las pocas inversiones que pueden contribuir al “superávit futuro”. La educación desde una perspectiva inteligente se centraría en la síntesis científica, la comprensión de nuestras propias mentes, los principios ecológicos, la incertidumbre y las habilidades de resolución de problemas que se necesitarán cada vez más en una sociedad de menor rendimiento energético. Menos especialización y más comprensión sistémica sería el orden del día actual.

Los dólares contra la humanidad – De todos los estímulos supernormales que hay en la cultura moderna: redes sociales, twitter, overwatch, máquinas tragamonedas y pizza para los amantes de la carne, quizás el más grande y pernicioso sea el “dólar”. Hemos logrado descomponer todo el inventario de lo que nos hizo funcionar en condiciones tribales durante decenas de miles de décadas en una variable: marcadores digitales e indumentarios de estatus y éxito. Ciertamente necesitamos dinero para realizar transacciones y almacenar riqueza, pero nuestra cultura lo ha llevado a un extremo, que de forma gradual pero casi por completo ha financiarizado a la experiencia humana. Ojalá que un vasto grupo de expresiones de humanidad permanezcan dormidas bajo las pilas de dispositivos electrónicos y sus paquetes de información.

El bien contra el mal – Los humanos no son malvados, no son más que depredadores o presas. Sin embargo, como 8 mil millones de personas persiguiendo a un excedente correlacionado con una fuente finita y con capacidad de sumidero, las acciones nuestras tienen resultados “malos”. Es importante no mezclar nuestro impacto colectivo con quiénes somos, en cuanto formas individuales de vida. Lo que está pasando no es culpa de nadie, pero todos somos cómplices.

El deber versus la voluntad – Muchas personas están promoviendo campañas acerca de lo que nuestra sociedad “debería” hacer para resolver nuestra miríada de problemas económicos y ambientales. Pero la mayoría de tales recetas, con objetivos loables, son incompatibles con nuestra realidad física o con patrones de comportamiento evolucionados a lo largo de cientos de miles de años. El hecho de que la mayoría de la gente tenga una “percepción repentina” del bien común es algo que los activistas del medio ambiente han hecho desde la década de 1960, así como los activistas climáticos durante casi dos décadas. Sin embargo, seguimos emitiendo cada vez más CO2. Es poco probable que nos preparemos en masa para la Gran Simplificación que tenemos frente a nosotros: las barreras culturales, conductuales y sistémicas son demasiado grandes. En cambio, frente al “cambio planificado”, “reaccionaremos y responderemos”. En lugar de propugnar resultados poco realistas, podemos esforzarnos por cambiar las condiciones iniciales que darán lugar a mejores resultados y luego realizar nuevos movimientos posibles, que actualmente no se consideren en el tablero de juego.

Lo popular en contra de lo realista – Del mismo modo, un informe completo de la gravedad de nuestra situación –en la radio, la televisión y en los periódicos– nunca será popular. Es mucho más cómodo (y muy rentable) ser entretenido, comercializado y embelesado por mil y un soluciones artificiales, generalmente con alguna tecnología no probada o físicamente imposible de escalar, o basada en una fantasía de la cual es difícil detectar que ignora las ciencias naturales en su diseño. Deberíamos reconocer que las soluciones flexibles, por lo general, no son soluciones. Pero reconocer eso sería… angustiante e impopular.

La izquierda contra la derecha – Aparte de, quizás, el cambio climático, tanto los demócratas como los republicanos están profundamente divorciados de las realidades de nuestros próximos desafíos. El agotamiento de los recursos, el sobregiro del crédito y los riesgos sistémicos que los acompañan, todos están ausentes en las conversaciones políticas. En cambio, se gasta una cantidad sustancial de energía (y ácido sulfúrico) en las cosas en las que una sociedad cada vez más polarizada no logra ponerse de acuerdo. Algún día apreciaremos (y con suerte participaremos en) los problemas en los que la mayoría de nosotros estamos de acuerdo: necesidades básicas, familia/amigos, comida sana, paz, respeto, sentido y un entorno seguro, limpio y agradable para que crezcan nuestros nietos. Como tal, los argumentos actuales entre republicanos y demócratas son similares a discutir sobre qué repelente de mosquitos es mejor para ponernos en nuestros brazos, mientras que un cocodrilo mastica una de nuestras piernas.

Lo masculino versus lo femenino – Vivimos en una cultura dominada por hombres. Como resultado, entre otras cosas, la testosterona y la dopamina probablemente influyen más en las decisiones que la oxitocina y la serotonina. Las mujeres, por razones biológicas obvias, tienden a tener menores tasas de descuento que los hombres, es decir, que las cosas en el futuro tienen para ellas más peso. Dado que la mayoría de nuestros riesgos sociales no son este trimestre o este año, sino en el futuro, tal vez deberíamos alentar/apoyar/exigir que un mayor porcentaje de políticos, líderes y quienes toman las decisiones que tienen que ver con las cuestiones culturales de mayor escala –con resultados futuros– sean mujeres. No sé cómo (pero esto lo dice un hombre).

Grupos pequeños frente a grupos grandes – Los humanos se unen para cooperar en actividades simples y claras, cosas como creación, ganancias o ataques y defensas militares. Pero, algo que parece totalmente contraintuitivo, la inteligencia y la capacidad de ser creativo frente a problemas complejos no aumentan con el tamaño del grupo. A medida que los grupos crecen, se vuelven cada vez menos capaces de captar y transmitir el estado de las situaciones difíciles, y pierden mucho más la capacidad de responder creativamente ante ellas. En la escala de cientos o miles de individuos en un grupo u organización, el comportamiento resultante se convierte en respuestas populares y simples. Esto tiene profundas implicaciones para la gran cantidad de riesgos que enfrentamos en la actualidad. Formar movimientos con mucha gente que se preocupe por lo mismo seguro que es una buena idea. Pero cuando se trata de hacer las cosas, especialmente las que son complejas, matizadas y quizás impopulares, las personas y los grupos pequeños tienen mucho más poder del que “creen” tener para influenciar los eventos.

La economía versus el ambiente – Si pudieras crear una lista de las 10 mejores formas de mejorar el medio ambiente (por ejemplo, impuestos sobre el carbono, protección de zonas pesqueras internacionales, toques de queda, etc.), es probable que las 10 sean malas para el crecimiento económico. Del mismo modo, una lista de las 10 mejores maneras de hacer crecer la economía (por ejemplo, subsidio para bebés, devolución de impuestos) probablemente empeoraría la situación ambiental, a escalas micro y macro. En este siglo, tomaremos decisiones (o quizás no tomemos decisiones, sino que simplemente actuaremos) en un espectro entre lo que es mejor para el crecimiento económico y lo mejor para los ecosistemas planetarios y nuestro bienestar a largo plazo. Probablemente sea bueno darse cuenta (y preocuparse) de esto por adelantado.

Los derechos contra las responsabilidades – Han existido muchos contratos sociales en la historia humana registrada. Desde el Código de Hammurabi hace 3500 años hasta la Carta Magna y la Constitución de los EE. UU. Los humanos hemos creado reglas y pautas para delinear adecuadamente las necesidades y circunstancias del momento. Ahora, vivimos en un planeta ecológicamente repleto, y somos conscientes de lo que somos, de dónde venimos, lo que necesitamos, lo que queremos y lo que estamos haciendo, el uno para el otro y para con nuestro entorno. Con este telón de fondo, hay una distinción entre “derechos” y “responsabilidades”. Tal continuo de la historia seguirá siendo un elemento de incendio escondido. Hasta que se vuelva una ignición frontal y explícita.

INDIVIDUOS

La certeza frente a probabilidad – El futuro existe como una distribución de probabilidad de futuros pésimos, malos, buenos y muy buenos. Pero a la gente no le gusta la incertidumbre. Cuando escuchamos sobre tales escenarios de energía y medio ambiente, generalmente a) rechazamos o negamos las implicaciones usando racionalizaciones como “la tecnología lo resolverá” / “pensaremos en algo”, etc. o b) “ya es demasiado tarde – No hay nada que podamos hacer – podríamos más bien disfrutar el presente”. Estas reacciones parecen superficialmente opuestas, pero tienen dos cosas en común: 1) crean disonancia resolviendo la “certeza” en nuestras mentes y, a su vez, 2) obvian la necesidad de una respuesta personal y un compromiso (lo cual sería incómodo emocional y físicamente). La realidad es que el futuro aún no está determinado y existe como una distribución de probabilidad cambiando constantemente en la medida en que también cambian los eventos, la tecnología, la sabiduría, el riesgo y las acciones de los individuos y las comunidades. Necesitamos que cada vez más personas eviten emitir opiniones polarizadas en la negación y el nihilismo, y así permanecer en el centro, poseyendo un poco de disonancia y compromiso.

Menos versus más – Hemos financiarizado la experiencia humana, descompuesto todo lo que posee sustancia, profundidad y significado como legado de nuestro pasado tribal, atribuyéndole marcadores digitales. Una vez que se satisfacen nuestras necesidades básicas, realmente no queremos más, solo queremos más que la persona de al lado. Es probable que nos dirijamos a un mundo con menos rendimiento físico, ya sea que lo elijamos o no. Pero eso no significa que tengamos un mundo de “menos” experiencias, felicidad, significado y buen vivir. El guatemalteco promedio gana menos de $10.000 por año, pero su satisfacción y calidad de vida son las mismas que en los países donde el ingreso promedio es 5 ó 10 veces mayor. Los estadounidenses usan 38 veces más energía que las personas en Filipinas, pero son igualmente felices con respecto a las medidas de bienestar. Los estadounidenses son mucho más “ricos” en términos materiales que hace 50 años, pero están menos satisfechos y contentos. El “menos” y el “más” necesitan ser despojados de sus paquetes y etiquetas monetarias, así como de la reacción visceral que despiertan. Como individuos podemos esforzarnos por ser más felices con la riqueza absoluta y centrarnos menos en la relativa. Aunque esto requiera entrenamiento y esfuerzo.

La locura contra la cordura – Superando en 50 veces el ingreso de los humanos de hace 200 años, no es de extrañar que el estadounidense promedio esté tan distraído por la comodidad y arrullado por narrativas falsas como para quedarse dormido ante los problemas reales. Las personas no son idiotas ni (al menos, la mayoría de ellos) mentirosas. Pero a menudo nos seducen y desinforman con relatos tan simples que las advertencias sobre la macrocrisis a las que tendemos, generalmente son consideradas disparatadas por las interpretaciones dominantes. Pero “despertar” a los problemas del día es quizás la única vía para la cordura. Experimentar un poco de dolor e incomodidad frente a lo que sucede es eminentemente racional, incluso si a veces se siente mal. Si te preocupas por la sexta extinción masiva, si el descenso de la energía disponible, los límites del crecimiento y la próxima Gran Simplificación te vuelven loco, quizás el mundo necesite mucho más de esa locura. Hemos confundido temporalmente a la locura con la lucidez.

La diversión versus el sentido – Con 80 veces más energía de la que necesita nuestro cuerpo, poseyendo el metabolismo de primates de 30 toneladas, incluso el individuo promedio entre nosotros tiene estilos de vida por encima de la mayoría de los reyes y reinas de hace siglos. Y sin embargo, muchas personas son miserables, están sobre alimentadas, sobremedicadas e insatisfechas. Lo que nos falta en medio de esta mezcla heterogénea de riquezas y abundancia, es un sentimiento de comunidad y un verdadero sentido de propósito. Infiérase de todos los otros puntos anteriormente expuestos como hecho obvio que el futuro necesita nuestra ayuda. Sin embargo, la mayoría de la gente no tiene concepto alguno sobre o incluso creencia en “el futuro”. Quizás desde la conciencia de nuestra situación, de lo que está en juego, así como de las posibilidades, podría surgir una tribu (muy grande) conectada al Mañana.

El pensar contra el hacer – En un mundo de que–haceres de bajo costo, nos hemos acostumbrado a gigantescas pérdidas de tiempo. Gastamos considerables lapsos meditando sobre teorías esotéricas o entretenidos con dispositivos, sin aprender o comprender habilidades físicas. A medida que se dejen de utilizar a nuestros esclavos fósiles, tendremos que substituir el carbón con cada vez más trabajo humano, y a cada uno de nosotros le conviene adquirir una destreza física. O tres.

El pesar versus la felicidad – Nos gustan las historias felices y despreocupadas, llenas de asombro e imaginación, pues porque son reconfortantes y es agradable estar feliz y sin preocupaciones. Parte de nosotros sabe que las cosas no están bien, y nos esforzamos por negar ese miedo sumergiéndonos en las cosas que nos reconfortan. Lamentablemente, la situación de nuestro mundo actual, que se acerca rápidamente a los límites sociales del crecimiento, mientras se exprime al mundo natural pasando exhaustivamente de una especie a otra, no se presta para tener un comportamiento feliz y ligero. Es aceptable, e incluso apropiado, cargar con algo de pena y disonancia sobre el escenario que vivimos, porque realmente es peligroso. Acompañar a ese dolor tal vez ayude a la resolución, estimule la rabia y a la creatividad para dirigirnos hacia objetivos que en el futuro estén relacionados. Pero también necesitamos equilibrio. Mientras acunemos el dolor, tenemos que encontrar tiempo para despejar las sendas de nuestras mentes, con diversidad: música, literatura, series de netflix, cerveza, mascotas, cielos nocturnos, bosques viejos y profundas amistades. Es un tiempo maravilloso y peligroso para estar vivo. No olvidemos, por ninguna razón, las partes “maravillosas”.

Lo intrínseco contra lo extrínseco – Los individuos humanos tenemos un amplio espectro de los tipos de valores que elegimos y mantenemos. Desarrollamos capacidades tanto para los valores extrínsecos (impuestos desde nuestro entorno) como el poder, la riqueza y el estatus social, pero también para los valores derivados internamente como la compasión, la humildad, la gratitud y la empatía. Las acciones basadas extrínsecamente, como ganar una discusión, ganar poder sobre otra persona o comprar un inodoro recubierto de oro, libera un fuerte pulso de dopamina, una elevada sensación muy fuerte, pero que dura solo segundos o minutos. Tales métodos de sentirse bien, derivados externamente, con frecuencia conducen al abandono, al uso excesivo y a la “búsqueda” constante. Por el contrario, los valores intrínsecos están relacionados con la liberación sostenida de oxitocina, uno de los cuatro químicos de “felicidad” que segrega nuestro cerebro. La investigaciones en psicología social encuentra cada vez más indicios de que practicar la gratitud, la empatía, la compasión y la humildad en nuestra vida cotidiana da como resultado sentimientos sostenidos y confiables de felicidad y alegría. Con cierta autoconciencia y deseo de cambio, podemos diseñar nuestras vidas para obtener dosis sostenidas de felicidad y alegría, mejor basadas en valores intrínsecos.

La esperanza contra la desesperación – Que uno sienta esperanza o desesperación depende de la perspectiva previa de cada quien. Si uno espera que 12 mil millones de personas vivan como el estadounidense promedio para principios del siglo XXII, con automóviles voladores y todos los problemas climáticos y oceánicos resueltos mediante tecnología, entonces el futuro que se he planteado aquí podría parecer del lado oscuro. Si, por el contrario, imaginas de 5 a 6 mil millones de humanos, viviendo en una sociedad de baja tecnología con sistemas renovables, donde solo se hayan perdido 1.000 de las 5.500 especies de mamíferos que quedan, el clima se ha estabilizado en 2º C, y hayamos evitado las guerras nucleares, entonces hay mucho para tener esperanza, ya que ese futuro y muchos otros más similares todavía están sobre la mesa.

CONCLUSIONES

No podemos conocer el futuro, pero podemos tener mayor confianza de lo que no sucederá. Y es mi conclusión, un poco personal, que el gran duplicado de nuestro consumo ya no es probable que suceda.

Seguiremos haciendo todo lo posible para que los “servicios cerebrales” lleguen a tantos votantes como sea posible, durante el mayor tiempo posible. Somos trabajadores y creativos, así que esto puede continuar por un tiempo, pero existen límites físicos. La principal desventaja es que debido a décadas de latencia, es probable que se desemboque en una re calibración de los reclamos financieros por los recursos físicos restantes. La mayor parte de nuestra investigación apunta a una posible reducción del Producto Total de las economías avanzadas en un 25% o 40% para las próximas dos décadas. Este resultado, similar a la Gran Depresión en la década de 1930, puede sonar impactante al principio. Sin embargo, al ponerlo en contexto, también significa que el producto per cápita se reduciría a niveles de mediados de los años ochenta o principios de los noventa. Temporadas que no fueron en realidad tan dramáticamente deprimidas. Comparado con la década de 1930, donde el 30% de la caída en la producción significaba una verdadera pobreza para muchos, el mayor desafío con respecto a un tal evento hoy no es tanto la reducción del consumo (a niveles todavía muy altos), sino las consecuencias para la mano de obra, los igualdad en los ingresos, las expectativas económicas futuras y cohesión social.

Estos riesgos no están bajo la previsión de ninguna institución o gobierno, y para empeorar las cosas, representan casi la tormenta cognitiva perfecta para continuar ignorando o rechazando. Esto es complejo, abstracto, distante (en el tiempo), amenazante, sin respuestas sencillas, y ciertamente sin respuestas políticas fáciles.

Todas las observaciones “culturales” e “individuales” arriba puntualizadas, se unen en una posición muy fina: somos capaces de mucho más, pero es poco probable que alteremos nuestra trayectoria actual hasta que tengamos que hacerlo. Y cuando agregamos los puntos económicos y ambientales, se precipita la necesidad: pronto tendremos que hacerlo. Reconociendo esto, el próximo paso es discutir y catalogar urgentemente qué iniciativas podrían trabajar grupos pequeños que usen la previsión inteligente a nivel nacional.

Teniendo en cuenta que tenemos un exceso de acumulado exosomático en un proporción de 100:1, todavía hay sobre la mesa una gran cantidad de futuros benignos, y excelentes. Pero no llegarán sin esfuerzo. El mundo no está irremediablemente roto, la Gran Simplificación apenas ha comenzado, y hay bastantes personas que están descubriendo con precisión el tamaño y la forma de nuestras dificultades, así como la naturaleza de las cosas que podrían cambiarlas sustancialmente…

Nota bene – Si bien creo que la educación en sí misma es insuficiente para un cambio importante, sigue siendo un primer paso necesarísimo para que los ciudadanos comprometidos con la sociedad trabajen hacia objetivos viables, deseables y reaccionen ante los próximos eventos de maneras más racionales. Mi meta con el contenido de estas notas es triple:

1) Educar e inspirar a potenciales catalizadores y pequeños grupos que trabajan en mejores futuros para integrar una visión más sistémica de la realidad.

2) Brindar herramientas a las personas para que tomen mejores decisiones personales al navegar y prosperar durante la Gran Simplificación que se avecina.

3) Cambiar lo que sea aceptable en nuestra discusión cultural para que esté más basado en la realidad.

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