Kloriamel Yépez, Nicolás Maduro

RUIDO, RUIDO…MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES – KLORIAMEL YEPEZ OLIVEROS

 

“No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles

 para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo,

 del neoliberalismo, para acabar con la Patria.

 No, no podrán; ante esta circunstancia de nuevas dificultades

 -del tamaño que fueren-,

la respuesta de todas y de todos los patriotas los revolucionarios,

los que sentimos a la Patria hasta en las vísceras

como diría Augusto Mijares, es ¡unidad, lucha, batalla y victoria!”

08-12-12

H.CH

Escribir en primera persona, del singular egótico ciertamente es penoso, pesado, pedante, escabroso. Pero cuando se carece de un colectivo confiable, probado, comprobado desde siempre como colectivo transformador de colectivos, implacable con aparatajes de todo tipo, irreconciliable -no “dialogante”-, con el elitismo gubernamental, con los cooptados, y otros bichos de uña en el rabo, burócratas, ladrones, corruptos de alma, hipócritas bien vestidos, siempre a la última moda, o peor; disfrazados de izquierdistas revolucionarios de esos a quienes les hiede el comunismo y desechan con un mohín al marxismo por sus presuntos dogmas, mientras exhuman acuciosamente cualquiera de los dogmas vaticanos que nos tienen encadenados a la esclavizante ideología capitalista, o sea; la ideología religiosa occidental de cualquier culto sagrado o profano, conocido o por conocer.

Cuando la desconfianza hacia todos los discursos alcanza su cénit. Cuando el discurso de todo leader ungido por micrófonos y cámaras de televisión, de prensa impresa, de medios web, de redes y otros terrorismos comunicacionales que no alientan, que para borrar huellas se desdicen, contradicen, y maldicen, con más elocuencia y más frecuencia, que lo originalmente afirmado o negado por ellos mismos o por otros, entonces reina el caos, la blabladera se empoderó socialmente -no culturalmente, ojo-, de nuestra Revolución.

Los oídos, la inteligencia, los deseos de saber, de conocer, de acompañar, se rinden. El cuerpo se extenúa, el entendimiento nos abandona, se va y no sabemos adonde pero ya no importa, toda respuesta es inútil: no hay defensa alguna cuando el ataque es con bombas clúster, con bombas de racimo de palabras.

Cuando el fuego proviene de los propios aliados la cuota de víctimas colaterales se potencia a la enésima:  la conciencia política no tiene blindaje para ello, la conciencia de clase tampoco posee tal blindaje, menos cuando en el Congreso del PSUV la presencia obrera, proletaria, se limita a un reducidísimo número de funcionarios; burócratas sindicalistas que nunca han hecho nada, porque no quieren ni pueden hacer absolutamente  nada por transformar esas estructuras fósiles, capitalistas, para anclar fatalmente al obrero a la sujeción plusválica híper explotadora, la que enriquece exclusivamente al tal sector “productivo” burgués, a los ociosos amos del trabajo explotador socialmente improductivo. Y si suena rancio porque suena a Marx, que lo chupe con fruición a quien que le caiga.

La ensordecedora palabrería, el chisme, las infidencias, los corrillos, la maledicencia, la intriga, sobre todo de cuanto ex ministro, ex asesor, ex guerrillero, ex ultra algo, ex privilegiado; esos recién resentidos por las carencias a las cuales nos somete Dólard Trump y su corte de amenazante milagrería bélica. Se dejaron de gazmoñerías y tomaron el cielo por asalto, a mano armada: con sus lenguas artilladas escupen el rencor que les quema las tripas, ya no saben cuál artilugio usar para remontar la ola más brava del surfing enloquecido y enloquecedor en el cual ellos actúan como tiburones de un mismo pozo, y le caen a dentelladas a lo que sea, a todo lo que creen   -en esta reedición del “quítate tú pá ponerme yo”-, pueda desmembrar nuestra Revolución Bolivariana, antimperialista, anticapitalista, pacífica pero armada, socialista: nuestra Revolución Chavista.

Por eso le dan con todo a Maduro, sólo porque El Veguero nos lo confió antes de morir; nada más por eso apuestan a que Maduro se vaya, para que hunda para siempre junto a él y su fallido mandato, a Hugo Chávez Frías. Sí es que pueden, contra nosotros, los mercenarios.

Si bien es cierto que el Presidente Maduro es constitucionalmente, el responsable de sacarnos de este atolladero sin pie ni cabeza en donde estamos metidos todos -no hay pobre de solemnidad, ilustre intelectual, o cáustico humorista que se salve-, también es cierto que la coyuntura en que se ha dado su mandato es la peor, la más convulsa de la historia en los últimos cien años, no sólo  para el país, sino para el planeta entero. Sumado a esto, convertirse de la noche a la mañana en el sucesor de Hugo Chávez, es un extraordinario reto histórico que a cualquiera habría amedrentado sin remedio: Maduro lo asumió y eso es innegable.

Es muy fácil, cómodo, vergonzosamente ridículo, pretender enmendarle semejante capote al Presidente Nicolás, sobre todo  tecleando una computadora, arrellanados en un sillón, bajo el abrigo del home sweet home, y con el beneplácito de  quienes no se atreven a hablar con voz propia porque no la tienen y nunca la han tenido, aunque les sobre edad para haberla cultivado clara y sonora desde el siglo pasado, gritándole las tantas a la vergüenza puntofijista, tirándole verbo a matar, a la oprobiosa dictadura adeco-copeyana, a la agonía hambreadora de aquellos degradantes gobiernos del cuánto hay pá eso; a los injustos, miserables, criminales representantes del disparen primero y averigüen después: pero tenían miedo quienes ahora acusan a Nicolás Maduro de estalinista sin saber siquiera con qué se come eso, como Maripili, la ex ministra, y sus trémolos maullidos de gatita sobre un tejado gélido.

Sobran los  tartamudeos intelectualoides sobre el miedo a decir, ¿decir qué?, si nunca han tenido nada que decirle a nadie, de no haber sido porque Chávez les abrió brazos y puertas, los rescató del anonimato, y los cobijó bajo su paraguas del aguacero de mediocridad en que estaban empapados hasta los huesos. Sobran los(as) roñosos(as) pontificadores(as) de la libertad y de la democracia; muy acompasaditos ellos(as), muy afinaditos(as) con el coro contrarrevolucionario de las ultras -derechas e izquierdas-, que en Nicaragua añoran a Somoza y piden a gritos que Daniel Ortega se vaya ya, como aquel empleadito de RCTV, Andrés Izarra, que pide ¡Cambio de gobierno ya! ¿Con qué culo se sienta esa escuálida chiripa?, o doña Maryclen, quien destaca en Últimas Noticias un menú de reseñas del miedo, sin correr ni encaramarse a ninguno de los condumios citados como para que nos los comamos todos como ciertos, o como para que el miedo nos engulla a todos, hasta a los de “última fila”. Para terminar despeñándonos hacia su libérrima y límbica interpretación, dice la doña:

“Desde la última fila, la ciudadanía, que  padece la crisis en carne propia, se encuentra sometida a versiones contrapuestas sobre las causas, soluciones y medidas que toma el Gobierno.  ¿Decisión acertada o experimento traumático y doloroso? ¿Medida correcta  o receta fracasada aplicada en otras latitudes?”

Pero la última palabra, la decisiva, la firme, irrevocable, absoluta, total, plenipotenciaria y plena como la luna llena, se la dimos a Chávez:

“Si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, Nicolás Maduro -no sólo en esa situación debe concluir- como manda la Constitución, el período; sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que, en ese escenario que obligaría a convocar de nuevo a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro presidente de la República Bolivariana de Venezuela”

Que ahora nadie venga a negar, que nadie se venga a acobardar, en medio de las dificultades propias de una revolución anticapitalista y antimperialista, de  aquella promesa cumplida por los millones de ciudadanos, de primera fila, que elegimos y reelegimos al actual Presidente de la República Bolivariana de Venezuela:  Chávez te lo juro, mi voto es por Maduro.  

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